El alumno de un curso de auto-amor abandona la sala dejando un reguero de odio a su paso. En la asamblea de una casa okupa se debate sobre la propiedad de los cuerpos tras un
incidente. Una barrendera esboza un nuevo sistema de redistribución de la basura, jaleada por su compañero. Los relatos de este libro, pequeñas escenas como acotaciones para el gran escenario del mundo, se entremezclan con textos legales, etimológicos o periodísticos que señalan con el dedo, interpelando al lector. Y así, la línea que debiera separar realidad y ficción se difumina; y la credulidad del «público» vaga entre las páginas, un poco huérfana, un poco despistada, suspendida.